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MAMI UN NIÑO EN EL JARDIN ME PEGA....


El ingreso del niño al jardín de infantes implica, entre otras cosas, aprender a estar y compartir con niños de la misma edad. Así como a los adultos muchas veces no nos resulta sencillo integrarnos a un nuevo grupo humano, a los niños les ocurre lo mismo. Más aún cuando se trata de la primera vez.

Encontrarse con otros, significa enfrentarse al mundo de las diferencias: diferentes modos de expresarse, diferentes modos de jugar, diferentes modos de pedir ayuda, y de vestirse, de peinarse...diferentes modos de ser.

Es por eso que no debe resultar demasiado extraño que algún compañero del jardín sea un nene que pega : si está enojado, pega; si está contento, empuja; si quiere pedir algo, tira del pelo; si quiere ese juguete, lo arranca...

Ante un niño con estas conductas, ¿qué se le dice a un hijo que haga? ,¿hay que enseñarle a pegar? .¿O dejarlo que se someta?. De aquí en adelante, veamos las reacciones más habituales de los padres.

-Si a vos te pegan, ¡devolvéla!

Este mensaje suena algo contradictorio si pensamos que estamos educando a un niño para que sea buena persona. Y, por lo tanto, no se lo educa para que sea de una manera en la escuela, para que sea de otra en la calle y de otra en la familia.

Sencillamente se lo forma para que sea buena persona. Pegar, nos guste o no, es un acto agresivo y fomentar el manejo de la agresividad por medio de la violencia no es el camino más humanizante. Además, uno de los riesgos que se corre es que el pequeño se habitúe a expresar su enojo hablando a través del golpe (tal como el niño del ejemplo). Así, ante cualquier roce que reciba (aún sin intención de molestarlo) él responderá con un cachetazo, un empujón, o lo que fuere. No es este el camino que conduzca a la tolerancia. Y, sin embargo, se trata de un valor en el que, ya a los más pequeños, deberíamos entrenar.

-Vos sos bueno y no pegás. Si te pega, dejalo

Ni todas las personas malas pegan, ni todas las personas que pegan son malas. En un arranque de bronca, a chicos y grandes, a veces se nos va la mano. No está bien que así sea, pero eso no nos hace malas personas ni tampoco nos convierte en pegadores compulsivos por haber reaccionado alguna vez de esa manera.

El niño de nuestro ejemplo, ¿es malo porque pega? No.

Pega porque es el modo en que aprendió a pedir lo que necesita (lo más probable es que así haya conseguido satisfacer necesidades) y a expresar lo que pasa dentro suyo.

Claro que esto no significa que sus compañeros deban aceptar ser maltratados y hacer de cuenta que nada pasó. No es bueno guardarse la bronca que despierta el ser lastimado, golpeado, etc, más aún cuando ocurre injustamente. Un acto de maltrato debe ser resuelto y no es bueno dejarlo pasar.


Enseñar a no dejarse maltratar.

Frente a un compañero que es agresivo, es importante preparar al niño para que intente resolver la situación por sí mismo.

Ante todo, se impone el uso de la palabra por una doble vía. Por un lado, podrás explicarle a tu hijo que (como lo decía antes), su compañero aprendió a hacerse entender de esa manera. No por eso es un niño malo, porque seguramente, no sea su intención lastimar. Es un niño que se angustia porque no sabe esperar, no tolera perder y quiere ser siempre mirado, escuchado, atendido, nombrado (aún pagando el alto costo de ser despreciado por sus compañeros).

Ese niño que pega tanto, en realidad es un pequeño que está sufriendo mucho. ¿Por qué no explicárselo de esta manera a tu hijo?. No dudes que lo va a entender. Y si todos los compañeros formaran un frente común...¡Cuánto podrían ayudar a ese niño!

En relación con esto surge la segunda vía por la cual la palabra pueda ser una estrategia de acción. A tu hijo, ¿le gusta que lo empujen?, ¿qué le tiren del pelo?,¿ que le den un cachetazo?. No. Entonces...¡Que se lo diga!.

Y cuando su compañero le hace eso, ¿qué siente ganas de hacer? ¿de pegarle? ¿de darle dos cachetazos en lugar de uno? ¿de darle una piña en la nariz? Pues entonces también...¡Que se lo diga!.

Cuando su compañero le haga algo que le molesta, que lo mire directamente a los ojos y seriamente le diga: -Me molesta que me hagas eso y me da tanta furia que me dan ganas de darte una buena patada. Si querés algo pedímelo con la palabra-. Quien sabe nunca nadie se le haya enfrentado a ese niño de esa manera y esté necesitando que alguien de su tamaño se lo diga.

Es necesario que expliques también a tu hijo que debe aprender a defenderse: evitar que lo lastimen. No exponerse a las patadas, mantenerse alejado en situaciones críticas y tratar de usar sus propias manos para atrapar las de su compañero antes de que le llegue el golpe.

La idea fundamental es no dejarse maltratar y, hacerle saber al otro que uno no le va a permitir que lo haga.

Por último. Cuando los niños están en el jardín de infantes, deben saberse y sentirse cuidados y protegidos. Si a pesar de los buenos intentos, el compañero insiste en molestar, el niño deberá recurrir a un adulto de la institución para que intervenga y ponga el límite que considere apropiado.

Si en el jardín de tu hijo hay un niño que tiene actitudes de agresividad, lo mejor será que plantees el tema en la institución (describiendo situaciones concretas en las que tu hijo haya estado involucrado) a fin de que tomen los recaudos necesarios y se mantengan alertas ante posibles situaciones recurrentes.

No se trata de discriminar al niño problema ni de que el resto de los niños lleguen a sus casas magullados. Lo ideal es que, siendo mayoría, pueda todo el grupo, bajo la mirada del adulto guía y contenedor, ayudar a ese pequeño a hacerse querible, a ser nombrado y atendido, pero sin tener que conseguirlo a las patadas. Y asimismo, que los niños puedan estar en el aula en un clima de serenidad y no de temor ante un compañero que los atemoriza.

Todos, todos, podrán aprender que hablar sirve para poner en palabras aquello que pasa por la cabeza...Pero también el dolor, la alegría, la tristeza y las emociones que nos pasan por el corazón.


Lic. María Eugenia Blattmann de Jones